Las transformaciones más interesantes suelen aparecer cuando una idea desafía la forma tradicional de hacer las cosas. En Antioquia, una jornada alrededor del Baby Fútbol demostró que el deporte también puede convertirse en un punto de encuentro para fortalecer la cultura del reciclaje y generar participación desde las comunidades.

Con la estrategia Eco Campeones, las alcaldías de Bello, Sabaneta, Caldas y Copacabana, junto con Interaseo y sus sociedades del Valle de Aburrá, impulsaron una dinámica en la que 1.714 niños intercambiaron dos costales de material aprovechable por sus uniformes oficiales para el torneo clasificatorio.

La iniciativa permitió recuperar 5.324 kilogramos de residuos reciclables, evitando que terminaran contaminando el entorno. Más allá del volumen recolectado, la actividad buscó involucrar a las familias en prácticas responsables y acercar la educación ambiental a escenarios cotidianos.

Los resultados por municipio muestran una participación activa. Bello lideró la jornada con 2.880 kilogramos de material reciclable y 1.120 uniformes entregados. Copacabana aportó 1.235 kilogramos y distribuyó 360 uniformes, mientras que Caldas alcanzó 1.209 kilogramos con 234 uniformes entregados. La programación continuará con la jornada prevista en Sabaneta.

Para Paula Sierra, gerente de las Sociedades de Interaseo en Antioquia, el balance va más allá de las cifras. «La recolección de más de cinco toneladas de material reciclable es una muestra de que las familias y los niños del Valle de Aburrá están dispuestos a asumir un papel protagónico en la construcción de territorios más sostenibles. Donde cada costal de reciclaje entregado representó mucho más que material aprovechable, fue un mensaje de compromiso, responsabilidad y amor por el medio ambiente por parte de cientos de niños y sus familias».

La experiencia plantea una forma distinta de impulsar la sostenibilidad. En lugar de presentar el reciclaje como una obligación, lo integra a una actividad que ya hace parte de la vida de miles de niños, generando un vínculo más cercano entre aprendizaje, participación y compromiso ambiental.

El ejercicio evidencia que las alianzas entre gobiernos locales y empresas pueden abrir espacios para construir nuevas dinámicas sociales. En este caso, el deporte funcionó como el punto de partida para promover hábitos responsables y demostrar que las acciones colectivas también pueden traducirse en resultados concretos para el territorio.