La transformación de la educación superior suele anunciarse con discursos grandilocuentes, pero pocas veces aterriza en modelos que realmente cambien la experiencia de las personas. Ahí es donde la Escuela de Verano Dg2 2026 quiere romper el libreto. En lugar de debatir únicamente sobre tendencias, el encuentro que se realizará en Bogotá y Cartagena buscará mostrar cómo las universidades pueden convertirse en plataformas flexibles, capaces de responder con rapidez a los desafíos sociales, tecnológicos y culturales que ya están reconfigurando el mundo.

La llegada de la Red Dg2 a Colombia representa uno de esos movimientos que alteran silenciosamente el mapa global de la educación. Durante años, las conversaciones estratégicas sobre el futuro universitario estuvieron concentradas en Norteamérica y Europa. Ahora, una institución colombiana entra a esa conversación desde otro ángulo: el de una universidad que aprendió a crecer conectándose con territorios, comunidades vulnerables y modelos de formación adaptativos.

UNIMINUTO fue seleccionada como anfitriona de la undécima edición de la Escuela de Verano Dg2 gracias a una propuesta académica que ha logrado combinar innovación, cobertura social y flexibilidad educativa. Esa mezcla llamó la atención de una red internacional integrada por 20 universidades de referencia del ecosistema francófono y francófilo, entre ellas la Universidad de Ginebra, la Universidad Laval de Quebec y la Universidad de Estrasburgo.

La lógica detrás del encuentro tiene mucho de cultura organizacional progresiva. Las universidades participantes entienden que ya no basta con digitalizar procesos o abrir programas virtuales. El reto de fondo es mucho más profundo: rediseñar estructuras completas para que las instituciones puedan responder a estudiantes con ritmos, contextos y necesidades completamente distintos a los de hace apenas una década.

Por eso la agenda incluirá discusiones sobre gobernanza ágil basada en datos, implementación ética de inteligencia artificial y bienestar universitario. Son temas que hoy también atraviesan a startups, empresas tecnológicas y organizaciones globales que entendieron que la innovación no depende únicamente de tecnología, sino de la capacidad de adaptar estructuras humanas a entornos cambiantes.

La apuesta de UNIMINUTO será mostrar que ese cambio no tiene que quedarse atrapado en laboratorios o documentos de estrategia. Durante la semana, expertos internacionales recorrerán experiencias comunitarias en Engativá y Cartagena donde la institución ha desarrollado proyectos sociales que hoy funcionan como referentes de innovación educativa aplicada. El objetivo será contrastar teoría con realidad y validar cómo se construyen soluciones desde los territorios.

Para el Padre Harold Castilla Devoz, Rector General de UNIMINUTO, la universidad enfrenta un momento decisivo frente al avance tecnológico y los cambios sociales. “Recibir la Escuela de Verano Dg2 es un reconocimiento a la capacidad de UNIMINUTO para armonizar la excelencia académica con la pertinencia social en contextos de alta complejidad. Estamos liderando una inteligencia colectiva que proyecta la universidad del futuro como un actor central en la toma de decisiones públicas”.

Ese enfoque también se refleja en la visión académica que impulsa Stéphanie Lavaux, Vicerrectora General Académica de UNIMINUTO y Vicepresidenta de la Red Dg2. “Precisamente, nuestra apuesta es por una educación que no obligue al estudiante a amoldarse a estructuras rígidas, sino que la universidad sea la que se adapte a su realidad, a su territorio, a los ritmos individuales y a los proyectos de vida e intereses de cada estudiante; un modelo disruptivo, que se está convirtiendo en un referente global”.

Más allá de las conferencias y talleres, la Escuela de Verano Dg2 2026 busca construir una hoja de ruta conjunta hacia el año 2050. La idea es que las universidades recuperen capacidad de influencia frente a fenómenos como la automatización, la inteligencia artificial y las nuevas desigualdades sociales. En otras palabras, dejar de actuar como instituciones que reaccionan tarde al cambio y comenzar a operar como ecosistemas vivos capaces de anticiparlo, interpretarlo y transformarlo.