Hay proyectos que nacen para cumplir una meta institucional y otros que terminan convirtiéndose en un ejercicio de conexión entre sectores que rara vez comparten el mismo ritmo. Lo que está ocurriendo con el Fondo para la Reparación a Víctimas se parece más a lo segundo. La entidad decidió sacar la conversación de los auditorios cerrados y llevarla al terreno donde hoy se mueven las decisiones empresariales: el de las alianzas con propósito y el impacto medible.

El I Foro Empresarial por la Reparación Integral a las Víctimas arrancó como una plataforma para acercar al sector privado a uno de los desafíos sociales más complejos del país. Pero rápidamente tomó otra dimensión. La participación de empresarios, líderes gremiales, entidades nacionales y representantes diplomáticos terminó convirtiendo el espacio en una especie de hub de articulación pública y privada.

La gira nacional ya tuvo paradas en Bogotá y Cali, dos ciudades donde el mensaje logró conectar con compañías interesadas en construir modelos de participación social más activos. Ahora el recorrido avanza hacia Bucaramanga, Medellín y Montería, consolidando una hoja de ruta que busca sumar al empresariado alrededor de la reparación integral de víctimas del conflicto armado.

El cambio de enfoque es evidente. Antes, muchas empresas observaban este tipo de procesos desde la distancia, como iniciativas exclusivamente estatales. Hoy, el Fondo plantea una narrativa distinta: la reparación también puede integrarse a estrategias de sostenibilidad, reputación corporativa y construcción de confianza en los territorios donde operan las organizaciones.

En los encuentros se socializan distintas modalidades de vinculación. Algunas compañías participan mediante donaciones, otras exploran contribuciones voluntarias o esquemas de valor compartido. La dinámica se parece más a un ecosistema colaborativo que a un modelo tradicional de asistencia, porque cada actor entra a la conversación entendiendo qué puede aportar y cómo hacerlo viable.

“El sector empresarial tiene un papel estratégico en la construcción de país. Su participación no solo contribuye a cerrar brechas históricas en materia de reparación, sino que también fortalece la confianza, la sostenibilidad y el impacto social de sus organizaciones”, afirmó Carlos Andrés López, coordinador del Fondo.

La conversación también aterriza en temas concretos que interesan al mundo corporativo. Entre ellos, los beneficios tributarios disponibles para las empresas que realicen aportes, incluyendo descuentos equivalentes al 25 % del valor donado en el impuesto sobre la renta, bajo los parámetros definidos por la ley vigente.

Lo interesante de esta iniciativa es que rompe con la idea de que la reparación solo ocurre desde el Estado. La gira del Fondo para la Reparación a Víctimas está mostrando otra posibilidad: cuando las empresas se integran a una causa nacional desde la acción y no desde el discurso, aparecen nuevas formas de acelerar cambios que durante años parecían demasiado lentos para avanzar.