En un contundente pronunciamiento emitido desde el exilio, la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, fijó este jueves 3 de septiembre de 2026 su postura frente al controvertido tratado energético suscrito entre la administración del presidente estadounidense Donald Trump y las autoridades encargadas de Venezuela.

A través de un manifiesto en video publicado en sus canales oficiales de la red social X, la dirigente política advirtió que la reactivación económica y la recuperación de la nación suramericana no se resolverán únicamente con inyecciones de capital en el sector de los hidrocarburos.

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«El sector petrolero es solo una parte de la inmensa reconstrucción que requiere inversiones colosales. En un país con las dimensiones y la fragilidad institucional de Venezuela, ningún sector podrá funcionar de manera aislada», aseveró Machado.

El valor del suelo venezolano y la soberanía del recurso

La declaración de la líder opositora se produce una semana después de que el Gobierno de Estados Unidos formalizara un paquete de acuerdos que le otorga a Washington la explotación y gestión de 65.000 millones de barriles de petróleo repartidos en 17 bloques estratégicos, cifra equivalente al 20% de las reservas probadas de la nación caribeña.

Machado reconoció la relevancia geopolítica del recurso energético para el hemisferio occidental, pero enfatizó que la administración de dicho patrimonio debe responder al pueblo venezolano y no a un marco institucional desprovisto de garantías democráticas.

«Todo eso le da a Venezuela un valor estratégico extraordinario, tanto para la seguridad nacional de Estados Unidos como para la estabilidad del hemisferio. Pero el patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un régimen ilegítimo, le pertenece al pueblo venezolano», sostuvo.

Transparencia y legitimidad: Condiciones innegociables para la inversión

Actualmente radicada en Panamá —país al que arribó tras su salida clandestina de Venezuela en diciembre para recibir el galardón del Premio Nobel de la Paz—, la dirigente insistió en que las alianzas internacionales deben cimentarse sobre bases éticas e institucionales sólidas para evitar que los recursos se diluyan en opacidad o corrupción.

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Aunque defendió la importancia de mantener una sociedad estratégica con los Estados Unidos, subrayó que cualquier modelo de explotación o cooperación económica debe regirse por «principios innegociables de transparencia absoluta, legalidad y eficiencia».

«Esto solo es posible con la legitimidad y la estabilidad que ofrece un gobierno serio y democrático», concluyó la dirigente, reiterando que la transición hacia la democracia sigue siendo el requisito fundamental para que la riqueza petrolera se traduzca en desarrollo real para la ciudadanía.