En un escenario de máxima presión internacional, delegaciones de Irán y Estados Unidos desarrollan este jueves 26 de febrero de 2026 una tercera ronda de conversaciones nucleares indirectas. El encuentro, mediado por Omán, busca frenar una crisis que amenaza con desbordarse ante el reciente despliegue de fuerzas estadounidenses en Medio Oriente, el más ambicioso desde la guerra de Irak en 2003.
La administración del presidente Donald Trump ha movilizado dos portaaviones, destructores y escuadrones de cazas hacia las cercanías de la República Islámica, una maniobra que Washington califica como medida de presión para forzar a Teherán a aceptar condiciones más estrictas en su programa atómico.
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La propuesta de Teherán: «Seriedad y flexibilidad»
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, afirmó que su país asiste a la mesa con una postura de «flexibilidad», pero centrada exclusivamente en dos ejes: la validación de su programa nuclear con fines pacíficos y la eliminación total de las sanciones económicas.
Según informó la agencia oficial IRNA, la delegación iraní entregó formalmente una propuesta técnica diseñada para «eliminar todos los pretextos» sobre su actividad nuclear. El documento fue canalizado a través del ministro de Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, quien actúa como puente diplomático entre las dos potencias.
El rol del OIEA en el posible acuerdo
Previo a la entrega de la propuesta, el mediador omaní se reunió con Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El objetivo de este encuentro fue definir los protocolos de inspección de las instalaciones iraníes, condición indispensable para cualquier avance que pretenda garantizar la transparencia del programa de Teherán.
Posturas encontradas: Los puntos de fricción
A pesar del canal diplomático abierto, las posiciones entre la Casa Blanca y el Palacio de Saadabad se mantienen distanciadas por exigencias de seguridad nacional:
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Exigencias de EE. UU.: Washington demanda la suspensión total del enriquecimiento de uranio y, de manera crucial, la limitación del programa de misiles balísticos de largo alcance de Irán.
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Exigencias de Irán: Teherán solo acepta una reducción supervisada de sus capacidades nucleares a cambio de un alivio inmediato de las sanciones que asfixian su economía.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, intentó rebajar las tensiones reafirmando que su país no busca la bomba atómica. «Nuestro líder supremo, Alí Jamenei, ha declarado que no tendremos armas nucleares. Doctrinariamente, no me estaría permitido avanzar en esa dirección», sentenció el mandatario en un discurso oficial.
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El fantasma de la intervención armada
El diálogo en Ginebra se desarrolla en un clima de preguerra. El despliegue militar estadounidense ha sido interpretado por Teherán como una amenaza directa a su soberanía. La prensa estatal iraní ha advertido que, si la propuesta presentada este jueves es rechazada, se confirmaría la «falta de seriedad» de la diplomacia de Trump.
Por su parte, el mando militar de la República Islámica ha sido tajante: cualquier agresión armada por parte de Estados Unidos recibirá una respuesta contundente que, según advierten, extendería el conflicto por toda la región de Medio Oriente, afectando rutas comerciales y la estabilidad energética global.
El mundo permanece atento a los resultados de esta tercera ronda en Suiza, la cual podría ser la última oportunidad para evitar una confrontación militar directa entre las dos naciones.





