El gobierno de Francia ha decidido marcar distancia con la última iniciativa diplomática de la Casa Blanca. Fuentes del Palacio del Elíseo confirmaron este lunes que París «no tiene previsto dar una respuesta favorable» a la invitación del presidente estadounidense, Donald Trump, para integrarse en un nuevo «Consejo de Paz» internacional.
La negativa francesa se fundamenta en una preocupación estructural: la propuesta de Washington podría socavar los cimientos de las Naciones Unidas y los principios del multilateralismo que rigen la diplomacia global.
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Un mandato que excede a Gaza
Aunque originalmente el consejo se concibió como un mecanismo para supervisar la reconstrucción de la Franja de Gaza —devastada tras dos años de conflicto—, el análisis de París es que el estatuto final del organismo es mucho más ambicioso y ambiguo.
«El documento va más allá del mero marco de Gaza», señaló una fuente cercana a Emmanuel Macron. Según la misma fuente, la iniciativa plantea «cuestiones de gran calado» que ponen en entredicho la estructura de la ONU, algo que Francia considera innegociable.
El choque entre el «Poder Único» y la Carta de la ONU
El diseño del consejo ha levantado alarmas en las cancillerías europeas. Se proyecta como un organismo presidido con amplios poderes por Donald Trump, lo que para el Ministerio de Exteriores francés choca frontalmente con la «igualdad soberana de los Estados».
En un comunicado previo, la diplomacia francesa subrayó su compromiso con la Carta de las Naciones Unidas como la «piedra angular» de un orden internacional donde el derecho prevalezca sobre «la arbitrariedad y las relaciones de fuerza».
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Los invitados: Un nuevo mapa de influencias
La Casa Blanca ha extendido invitaciones a un grupo heterogéneo de líderes mundiales, lo que sugiere un intento de rediseñar las alianzas globales fuera de los canales tradicionales:





