Cuba ha quedado sumergida en la oscuridad absoluta este lunes 16 de marzo de 2026. El Ministerio de Energía y Minas (Minem) confirmó una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), marcando el sexto colapso masivo de la red energética en apenas 18 meses.

La falla, que dejó a más de 11 millones de personas sin suministro, ocurre en un contexto de extrema fragilidad institucional y económica. «Se investigan las causas y comienzan a activarse los protocolos para el restablecimiento«, informó el Minem a través de sus canales oficiales, sin precisar todavía el origen técnico del evento.

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Una crisis energética sin precedentes

La isla se encuentra sumida en una debacle energética que comenzó a acentuarse a mediados de 2024. Sin embargo, analistas coinciden en que los últimos tres meses han sido los más críticos debido al recrudecimiento del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos. Esta restricción en el suministro de crudo ha paralizado industrias clave y ha disparado el descontento social en las principales provincias.

El déficit de generación, que habitualmente ronda el 40% o 50% de la demanda, ha hecho que los cortes programados se conviertan en un estado de apagón permanente para miles de familias cubanas.

El complejo proceso de restablecimiento del SEN

Las autoridades advierten que el retorno del fluido eléctrico no será inmediato. Basándose en colapsos anteriores, como los ocurridos tras el paso de ciclones o fallas en las líneas de alta tensión, el restablecimiento es un procedimiento técnico de alta precisión que puede demorar varios días.

La estrategia de recuperación se divide en fases críticas:

  1. Arranque en «isla»: Se activan fuentes de energía de arranque rápido, como parques solares, microcentrales hidroeléctricas y motores de generación distribuida.

  2. Interconexión regional: Se crean pequeños núcleos de servicio para dar electricidad a servicios vitales (hospitales y bombeo de agua) y luego ir conectando áreas geográficas.

  3. Energización de termoeléctricas: El objetivo final es llevar carga suficiente a las centrales termoeléctricas, los pilares del sistema, para que puedan iniciar sus calderas y aportar la potencia necesaria para estabilizar la demanda nacional.

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Impacto social y económico

Este nuevo apagón total agrava la situación logística de la isla, afectando la conservación de alimentos, las comunicaciones y el transporte. El Gobierno cubano ha reiterado que la obsolescencia de las plantas termoeléctricas —muchas con más de 40 años de explotación— y la falta de divisas para comprar repuestos y combustible son los principales obstáculos para una solución definitiva.

Mientras la capital y el resto de las provincias permanecen a oscuras, el malestar social crece, alimentado por una inflación galopante y la escasez de productos básicos que ahora se ven doblemente amenazados por la falta de refrigeración.