Un frente común sin precedentes sacude los cimientos del balompié global. Gran parte de las federaciones, confederaciones continentales, ligas profesionales y organismos rectores del fútbol internacional manifestaron este miércoles 29 de julio su profunda preocupación y rechazo categórico ante las intenciones de la FIFA de abrir la puerta al capital privado para financiar sus grandes torneos a través de la creación del proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE).

El organismo rector del fútbol mundial y su presidente, Gianni Infantino, quedaron en el centro de una severa tormenta institucional tras filtrarse los detalles de una propuesta que busca canalizar más de 10.000 millones de dólares hacia sus 211 asociaciones miembro, abriendo la comercialización de la Copa del Mundo y otros eventos estratégicos a fondos de inversión externos.

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La UEFA lidera la ofensiva: «Ninguno de nosotros es propietario del fútbol»

La primera embestida contra la iniciativa del presidente de la FIFA provino de la UEFA, cuyo pronunciamiento oficial marcó una línea roja en la gobernanza del deporte rey. El presidente del organismo europeo, el esloveno Aleksander Čeferin —quien además se desempeña como vicepresidente y miembro del Consejo de la FIFA—, advirtió que la intención de Infantino cruza límites éticos e institucionales inaceptables.

«Ninguno de nosotros es propietario del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo a intereses privados», sentenció la directiva de la UEFA, anticipando una postura de bloqueo dentro del Consejo encargado de evaluar la viabilidad del proyecto.

A la voz de alerta europea se sumó de inmediato la Concacaf, confederación que reúne a las asociaciones de Norte, Centroamérica y el Caribe. El estamento denunció haber tenido conocimiento de la iniciativa únicamente «a través de informaciones publicadas por los medios de comunicación y, posteriormente, mediante un boletín de prensa», censurando la marginación de las dirigencias regionales en decisiones de esta envergadura.

Por su parte, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) reprochó que propuestas de tal trascendencia deben sustentarse bajo «principios de buena gobernanza, absoluta transparencia y una consulta sustancial previa» con los actores del ecosistema deportivo.

Rechazo de las grandes potencias, ligas y la Comisión Europea

La indignación escaló rápidamente hasta las federaciones nacionales con mayor peso geopolítico. La Federación Inglesa (FA) calificó la falta de transparencia del proceso como «alarmante», mientras que el presidente de la Federación Francesa de Fútbol (FFF), Philippe Diallo, lamentó que un plan que «genera múltiples interrogantes y dudas de fondo» haya sido diseñado a espaldas de las federaciones socias.

El ecosistema de clubes profesionales europeos también reaccionó en bloque:

  • EFC (European Football Clubs): La entidad presidida por Nasser Al-Khelaifi (representante de 850 clubes) expresó su «seria preocupación» por las filtraciones unilaterales y exigió la apertura inmediata de una mesa de diálogo exhaustiva.
  • UEC (Unión de Clubes Europeos de Fútbol): La asociación que agrupa a más de 150 entidades enfatizó que «el Mundial no es un activo comercial cualquiera, sino una institución deportiva mundial construida a lo largo de generaciones gracias a la contribución colectiva de todo el sistema».

La polémica trascendió los despachos deportivos para instalarse en la esfera política europea. El comisario europeo de Deportes, Glenn Micallef, hizo un llamado directo a través de sus canales oficiales: «Esto no es béisbol, saquen las manos del fútbol». En la misma línea, Javier Tebas, presidente de LaLiga de España, acusó a Infantino de «mezclar política, dinero y poder sin transparencia». Incluso el expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, criticó la deriva financiera del ente rector al afirmar que la injerencia de grandes capitales globales «daña profundamente al fútbol».

¿En qué consiste el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE)?

De acuerdo con las precisiones institucionales emitidas por la FIFA, el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE) contempla la creación de una filial de su entera propiedad dedicada a consolidar, gestionar y comercializar la totalidad de los derechos de imagen, patrocinios y logística de sus torneos globales.

Si la propuesta logra el aval formal de las 211 asociaciones miembro, la FIFA se compromete a entregar un esquema de transferencias financieras masivas:

  1. Pago inmediato por $20 millones de dólares por asociación para proyectos especiales dentro del nuevo programa FIFA Fast-Forward (FFFP).
  2. Aumento de asignación presupuestal a $20 millones de dólares adicionales por asociación para el periodo 2027-2030 dentro del programa Forward (cifra que actualmente se sitúa en 8 millones de dólares).

Sin embargo, reportes de prensa del diario británico The Times revelaron una fuerte presión financiera detrás de la oferta: la FIFA habría otorgado un plazo perentorio de 53 días para que las federaciones acepten el paquete que promete hasta 53 millones de dólares en total. Aquellas naciones que decidan votar en contra del proyecto FFE sufrirían una reducción del 75% en los fondos de desarrollo presupuestados.

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El fantasma de 2018: El antecedente de SoftBank

El intento actual de privatización comercial revive las sombras de la fallida propuesta presentada por Infantino en abril de 2018. En aquel momento, el directivo suizo pretendió aprobar una inyección de 25.000 millones de dólares por 12 años, respaldada por el fondo multinacional japonés SoftBank y un consorcio de inversores de Oriente Medio para tomar el control de nuevas competencias internacionales.

En aquella oportunidad, la firme alianza entre la UEFA, la Conmebol y las principales ligas de Europa logró sepultar el proyecto al considerar que amenazaba la sostenibilidad financiera de torneos consolidados como la Champions League, la Copa Libertadores y la Eurocopa. Hoy, ocho años después, la historia vuelve a repetirse con el fútbol mundial cerrado en banda ante la mercantilización de su torneo insignia.