La lucha contra los cultivos de uso ilícito en Colombia atraviesa una transformación estructural que se refleja en las estadísticas oficiales. Según los informes más recientes del Ministerio de Defensa y la Fuerza Pública, la erradicación manual de hoja de coca continúa en niveles históricamente bajos, consolidando la tendencia decreciente que se ha agudizado en los últimos cuatro años.

Durante el primer bimestre de 2026 (enero y febrero), las autoridades reportaron la erradicación de apenas 661 hectáreas. Si bien la cifra representa un incremento porcentual respecto al mismo periodo de 2025 —cuando apenas se intervinieron 167 hectáreas—, el dato palidece frente a la capacidad operativa y los resultados obtenidos en la década anterior.

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Un cambio de paradigma: De 130.000 a mínimos marginales

El análisis comparativo de los últimos años revela un giro radical en la estrategia de intervención territorial del Estado colombiano. La caída sostenida en la erradicación manual es drástica:

  • Año 2020: El país superó las 130.000 hectáreas erradicadas manualmente.
  • Periodo 2022-2025: Se registró un descenso acelerado, coincidiendo con el cambio en la política antidrogas del Gobierno Nacional, que ha priorizado la interdicción de cargamentos y la persecución de redes de lavado de activos sobre la eliminación de cultivos en campo.
  • Proyección 2026: El inicio del año sugiere que, aunque hay un ligero «despertar» en las labores de erradicación, el país se encuentra lejos de los picos que caracterizaron la lucha contra el narcotráfico en años previos.

Análisis mensual: Repunte en febrero, pero insuficiente

Al desglosar el comportamiento de 2026, se observa un contraste marcado entre los dos primeros meses del año. Mientras que en enero solo se erradicaron 88 hectáreas, en febrero la cifra ascendió a 574.

A pesar de este repunte mensual, los expertos señalan que el promedio sigue siendo marginal. En periodos anteriores a 2022, era común que la Fuerza Pública reportara más de mil hectáreas erradicadas en un solo mes, impulsada por Grupos Móviles de Erradicación (GME) y un despliegue militar más agresivo en los enclaves cocaleros.

El debate sobre la política antidrogas

Estas cifras, provenientes de los reportes del sector Defensa, alimentan el debate nacional sobre la eficacia de la actual estrategia antidrogas. El Gobierno ha defendido este enfoque argumentando que la erradicación forzosa generaba conflictos sociales con las comunidades campesinas y no atacaba el corazón financiero de las organizaciones criminales.

Sin embargo, sectores de la oposición y organismos internacionales han expresado su preocupación por el potencial aumento de la oferta de cocaína y el fortalecimiento de los grupos armados ilegales que controlan las zonas de cultivo.

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Puntos clave de la dinámica actual:

  • Enfoque en interdicción: Se prioriza la incautación de cocaína pura en puertos y selvas.
  • Sustitución voluntaria: El énfasis se ha trasladado a programas de tránsito a la legalidad, aunque la implementación sigue siendo desigual en el territorio.
  • Presión internacional: Colombia continúa bajo el escrutinio de socios estratégicos como Estados Unidos, que monitorean de cerca la reducción de la oferta exportable de estupefacientes.

En conclusión, Colombia inicia el 2026 con una erradicación manual que permanece en mínimos técnicos. Aunque el leve incremento frente a 2025 evita un estancamiento total, el panorama actual confirma que la eliminación forzosa de plantas de coca ha dejado de ser el eje central de la política de seguridad del país.