El auge de los préstamos online en Colombia ha redefinido la forma en que personas y negocios acceden a liquidez, especialmente en temporadas de alto gasto como Navidad y Año Nuevo. La oportunidad es evidente: más transacciones, más usuarios digitales y un ecosistema fintech cada vez más sofisticado. Pero ese mismo dinamismo eleva el costo del error cuando la seguridad no se gestiona con rigor.
Las cifras marcan el contexto. El incremento del tráfico digital durante fechas comerciales clave viene acompañado de un aumento sostenido en los intentos de fraude. Para las plataformas de crédito, cada operación sospechosa no solo implica una posible pérdida financiera, sino también un golpe directo a la credibilidad, un activo que tarda años en construirse y minutos en deteriorarse.
El principal obstáculo ha sido la asimetría de información. Mientras los estafadores profesionalizan sus métodos, muchos usuarios siguen sin validar la legalidad de las plataformas, las tasas reales o los canales oficiales de atención. Esa brecha es la que termina pagando el mercado con desconfianza generalizada y mayores costos de adquisición.
Frente a ese escenario, Wasticredit optó por una estrategia pragmática: educar para crecer. La compañía priorizó guías claras de verificación, políticas estrictas de no pagos anticipados y procesos de protección de datos alineados con la regulación colombiana. La decisión no fue la más corta, pero sí la más sostenible para escalar sin comprometer al usuario.
Desde la dirección de la empresa, el mensaje ha sido consistente. Pamela Hernández Erzisnik, CEO de Wasticredit, insiste en que la prevención no frena el negocio, lo hace viable. Su enfoque parte de asumir que un cliente informado toma mejores decisiones y permanece más tiempo en el sistema, reduciendo la morosidad y el riesgo reputacional.
El resultado es un crecimiento soportado en confianza y no en promesas irreales. En un entorno donde abundan ofertas demasiado buenas para ser ciertas, la claridad sobre tasas, condiciones y desembolsos se traduce en relaciones más sanas y en un mercado más sólido. Así, la seguridad deja de ser un costo y se convierte en una palanca de valor medible para todo el ecosistema financiero digital.





