Cuando Urbania Café decidió fortalecer su presencia en Bogotá, el mercado ya estaba saturado de propuestas. La oportunidad no estaba en abrir más tiendas por inercia, sino en demostrar que un café especial podía ser rentable, escalable y cotidiano.

El principal obstáculo era el equilibrio entre crecimiento y control de costos. El aumento del salario mínimo y otros gastos estructurales obligaron a repensar cómo expandirse sin comprometer la rentabilidad de cada punto.

La decisión fue optimizar antes de multiplicar. Bajo la gerencia de Ricardo Mesa, la empresa revisó procesos, ajustó equipos y priorizó eficiencia operativa y tecnológica como base para sostener la expansión proyectada.

Ese ajuste permitió mantener estándares de calidad mientras se protegía el flujo de caja. No fue un recorte defensivo, sino una reingeniería pensada para crecer mejor, no solo más rápido.

El impacto se reflejó en cifras concretas. Urbania Café cerró 2025 con un crecimiento del 40%, resultado poco común en una industria presionada por inflación y consumo selectivo.

Además, el 10% de los ingresos provino de exportaciones, principalmente de café verde hacia mercados como Estados Unidos y Alemania, diversificando riesgos y fortaleciendo la marca fuera del país.

Hoy, con 14 puntos activos y un plan de llegar a 20 locales al finalizar el año, la empresa consolida su posición como una de las pocas cadenas de café especial con estructura nacional y proyección internacional.

La lectura de Mesa es pragmática: crecer exige decisiones incómodas, pero medibles. Cada ajuste operativo es una inversión para sostener la ambición sin perder el control.