La oportunidad que identificó SonicWall en Colombia no surgió del miedo, sino de los números. Cuando los ataques críticos se extienden durante 68 días en promedio, el problema deja de ser técnico y se convierte en un asunto de gestión empresarial. Esa fue la premisa que impulsó una decisión estratégica poco habitual en la industria.

El mercado ya mostraba señales de saturación. Más soluciones, más alertas y más complejidad, pero sin una respuesta clara al impacto económico de un ataque exitoso. Las cifras de crecimiento del ransomware en América Latina, con un salto del 259%, confirmaron que la prevención por sí sola no estaba cerrando la brecha.

El obstáculo era doble. Por un lado, los ciberdelincuentes avanzaban con amenazas cifradas que crecieron 93% interanual. Por otro, muchas empresas seguían sin un respaldo financiero inmediato para enfrentar interrupciones derivadas de accesos no autorizados o ataques DDoS no volumétricos.

Ante esta realidad, SonicWall tomó una decisión que rompió con la lógica tradicional del mercado. En lugar de ofrecer un producto adicional, integró una cibergarantía sin costo a su portafolio de firewalls, alineando seguridad técnica con resiliencia financiera.

La vocera Cristina Romero ha explicado este enfoque como una evolución natural del rol del fabricante: pasar de proveedor tecnológico a aliado de negocio. No se trata de prometer protección absoluta, sino de asumir responsabilidad compartida cuando el riesgo se materializa.

El esquema es simple y exigente a la vez. Solo acceden al beneficio los clientes que mantienen firmware actualizado, aplican parches críticos dentro de los 30 días y conservan activas las licencias clave de seguridad. La garantía premia la disciplina operativa.

El impacto económico es claro. Hasta 200.000 dólares anuales en firewalls administrados y hasta 100.000 dólares en firewalls estándar. Montos diseñados para cubrir pérdidas de ingresos y dar margen de maniobra en momentos críticos.

Este enfoque redefine la conversación sobre inversión en ciberseguridad. Ya no se trata solo de cuánto cuesta protegerse, sino de cuánto se puede perder si no se cuenta con un respaldo financiero inmediato cuando ocurre un incidente.

En la práctica, la cibergarantía funciona como un estabilizador. Permite que las empresas mantengan operaciones, cumplan compromisos y eviten decisiones apresuradas motivadas por la urgencia financiera.

El resultado posiciona a SonicWall como un actor que entiende que cada cifra cuenta una historia. En este caso, la historia de cómo la ambición por proteger negocios se convierte en resultados medibles para empresas que operan en un entorno digital cada vez más hostil.