Dos meses después del ataque que conmocionó a Bogotá, Racifo Jesús Acosta Lizardo, señalado de golpear y amenazar a la comerciante María Quevedo dentro de su pastelería en la localidad de Usaquén, fue enviado a la cárcel por decisión de una jueza de control de garantías.

La Fiscalía General de la Nación le imputó el delito de homicidio en grado de tentativa por la agresión ocurrida la noche del 23 de julio, cuyas imágenes fueron difundidas ampliamente en redes sociales y generaron indignación entre la ciudadanía.

Durante las audiencias judiciales, Acosta Lizardo no aceptó los cargos formulados en su contra. Sin embargo, el juez determinó imponerle medida de aseguramiento en establecimiento carcelario mientras avanza la investigación.

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Captura ocurrió en una vía pública de Bogotá

El señalado agresor fue capturado el pasado 21 de septiembre en una vía pública de la capital del país, luego de una orden judicial solicitada por la Fiscalía con base en las pruebas recopiladas durante la investigación.

La nueva decisión judicial representa un cambio frente al primer momento del proceso. Tras la agresión, Acosta Lizardo había recuperado la libertad debido a que inicialmente la investigación estaba relacionada con delitos como lesiones personales y daño en bien ajeno, conductas que, según explicó entonces la Fiscalía, no permitían solicitar una medida de aseguramiento.

En ese momento, el hombre quedó vinculado al proceso mediante un compromiso de comparecencia ante las autoridades.

Fiscalía reconstruyó la agresión ocurrida en la pastelería

Según el informe presentado por el ente investigador, la agresión habría ocurrido luego de que Acosta Lizardo reclamara a su empleadora el pago anticipado de su salario.

La Fiscalía señaló que, ante la negativa de la comerciante, el hombre presuntamente la golpeó hasta hacerla caer y posteriormente la trasladó hacia una zona menos visible del establecimiento, donde habría continuado la agresión y realizado amenazas.

Los llamados de auxilio alertaron a personas que se encontraban cerca del lugar, quienes acudieron para ayudar a la víctima. María Quevedo fue trasladada posteriormente a un centro asistencial para recibir atención médica.

María había denunciado comportamientos previos del trabajador

Antes del ataque, María Quevedo había relatado en una entrevista que el trabajador llevaba apenas dos semanas vinculado a la pastelería y que durante ese periodo habría tenido comportamientos que le generaban incomodidad.

Según su testimonio, Acosta Lizardo habría realizado comentarios sobre su apariencia y acercamientos físicos que ella consideraba inapropiados.

“Me decía que yo estaba muy bonita. Había roces constantes y siempre encontraba una explicación para acercarse. Yo traté de manejar la situación, pero llegó un momento en que entendí que tenía que decirle claramente que respetara mi espacio”, relató la comerciante.

La víctima aseguró que la noche de la agresión decidió establecer límites y pedirle que dejara de tocarla y acercarse de esa manera.

“Le dije: ‘Por favor no me toque. Por favor no se me acerque. Eso no está bien’”, contó María.

La víctima aseguró que el conflicto no fue únicamente económico

Aunque la Fiscalía indicó que el ataque ocurrió después de una discusión relacionada con un anticipo salarial, María Quevedo manifestó una versión diferente sobre el origen del enfrentamiento.

La comerciante explicó que el trabajador tenía su salario al día y que incluso anteriormente había recibido adelantos cuando los necesitó.

Según su relato, la discusión se produjo luego de que Acosta Lizardo anunciara que no continuaría trabajando y exigiera el pago inmediato. Sin embargo, para ella, el detonante principal fue el límite que había impuesto frente a los comportamientos que la incomodaban.

“Esa discusión fue consecuencia de todo lo anterior. El verdadero detonante fue que le pedí que no me tocara y que no se me acercara”, afirmó.

El ruido de los platos rotos fue su forma de pedir ayuda

Durante la reconstrucción de los hechos, María explicó que, mientras era agredida dentro del establecimiento, intentó llamar la atención de las personas que pasaban por el sector.

Según contó, comenzó a romper la vajilla de la pastelería como una forma desesperada de generar ruido y lograr que alguien acudiera en su auxilio.

“Cada plato que rompía era para hacer ruido, para que alguien se diera cuenta de que adentro estaba pasando algo terrible. Sentí que era la única forma de pedir auxilio”, relató.

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Autoridades habían pedido revisar el caso

Tras conocerse la agresión, la Fiscalía activó su grupo de género y ordenó nuevas diligencias para establecer el alcance de las lesiones sufridas por María.

Entre las actuaciones adelantadas estuvo la revisión del dictamen preliminar de Medicina Legal y la comparación con la historia clínica de la víctima, con el objetivo de determinar si era necesario modificar la calificación jurídica del caso.

Además, la entidad informó que otorgó medidas de protección a la comerciante y adelantó entrevistas con habitantes del sector para reconstruir las circunstancias del ataque.

Alcaldía de Bogotá había cuestionado la libertad inicial

La decisión inicial de dejar en libertad al señalado agresor generó cuestionamientos de diferentes sectores.

El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, calificó en su momento la decisión como “inexplicable” y pidió que el caso fuera analizado bajo la hipótesis de una posible tentativa de feminicidio.

Por su parte, la Secretaría Distrital de la Mujer informó que activó la Ruta Única de Atención para acompañar a María Quevedo y hacer seguimiento al proceso judicial.

Comunidad acompañó a la comerciante durante su recuperación

Luego del ataque, comerciantes, vecinos y clientes de la pastelería realizaron diferentes actividades para respaldar a María durante su recuperación.

La Asociación Usaquén Centro Histórico impulsó la jornada solidaria “Todos Somos María”, una iniciativa que buscó recaudar recursos y brindar apoyo a la comerciante mientras permanecía incapacitada.

Con la captura de Acosta Lizardo y la medida de aseguramiento en centro carcelario, el proceso judicial entra en una nueva etapa. El señalado agresor deberá permanecer privado de la libertad mientras la Fiscalía continúa recopilando pruebas y avanza la investigación por homicidio en grado de tentativa.