El club social que plantea Kurrant en Bogotá no está pensado únicamente para el ocio. Su modelo incorpora desde el comienzo una dimensión empresarial que busca convertir estos espacios en infraestructura para reuniones, trabajo, encuentros corporativos y actividades familiares. La primera sede, proyectada para Cedritos, representa una inversión cercana a los $50.000 millones.

Andrés Camargo Ardila, fundador de Kurrant Club Social Empresarial, señala que la modalidad empresarial permitirá que una compañía vincule hasta cuatro empleados por membresía. Así, el club podrá funcionar tanto como espacio de encuentro corporativo como lugar para que los trabajadores accedan a servicios recreativos junto con sus familias.

La estrategia cobra relevancia frente a las nuevas dinámicas laborales. Por eso, el proyecto incorporó coworking, salones configurables y espacios para reuniones como parte estructural de la sede. Estos ambientes podrán utilizarse para encuentros desde ocho personas hasta eventos cercanos a 300 asistentes, ampliando las posibilidades de uso más allá de las actividades tradicionales de un club.

La infraestructura tendrá cerca de 6.500 metros cuadrados en seis pisos, con piscina semiolímpica de 25 metros, gimnasio de dos niveles, cancha de pádel, cuatro líneas de bolos, restaurantes, sport bar, zonas húmedas y espacios para niños y jóvenes. La capacidad comercial estará limitada a 660 membresías, aunque los estudios del proyecto estiman que la infraestructura podría soportar hasta 750.

Para Camargo, el reto está en construir un modelo que combine rentabilidad, cercanía y capacidad controlada. Cada sede demandaría alrededor de $50.000 millones, aunque la inversión podría variar según el lote y las dimensiones del edificio. La compañía estima además unos 150 empleos directos por club, mientras prepara una expansión a tres sedes en Bogotá durante los próximos cinco años.