Aunque una manzana europea pueda terminar mezclada con productos de otros orígenes en la misma góndola, sus números cuentan una historia bastante concreta sobre comercio internacional, porque las exportaciones de esta fruta desde la Unión Europea hacia Colombia llegaron a 26.375 toneladas hasta finales de mayo de la temporada 2025/2026. La cifra resulta especialmente significativa cuando se observa que supone cerca de 18 % más que el año anterior y alrededor de 90 % más frente a la temporada 2020/2021.

Cuando una categoría de alimentos aumenta de esa manera, la pregunta ya no es solamente cuánto producto se vende, sino qué está ocurriendo detrás de la operación para que un volumen mayor pueda recorrer una distancia superior a 10.000 kilómetros y llegar en condiciones adecuadas. En este caso, el viaje normalmente toma unas dos semanas, por lo que la conservación de la fruta depende de una cadena que empieza en el huerto y continúa hasta el destinatario colombiano.

Mientras tanto, en los centros de clasificación las manzanas son preparadas para una ruta en la que la temperatura y las condiciones ambientales tienen un papel central, porque el objetivo consiste en ralentizar la maduración durante el almacenamiento y el transporte. Las cámaras frigoríficas con atmósfera controlada permiten mantener esos parámetros antes de que la fruta emprenda el tramo internacional.

Si uno aterriza ese proceso a términos empresariales, la cadena de frío termina funcionando como una especie de seguro operativo, ya que mantener las condiciones adecuadas ayuda a proteger el valor de la mercancía durante una operación que involucra almacenamiento, transporte terrestre, puerto, navegación y distribución posterior. De ahí que el monitoreo de las condiciones de transporte sea parte de la ecuación económica y no simplemente una exigencia técnica.

Además, la operación está respaldada por estándares europeos que incluyen requisitos de calidad, seguridad alimentaria y trazabilidad, de modo que el producto no depende únicamente de la refrigeración para sostener su recorrido. La combinación entre regulación, almacenamiento y seguimiento permite que una fruta cosechada en Europa pueda integrarse a una cadena de abastecimiento destinada a un mercado situado a miles de kilómetros.

La escala empieza a cambiar la conversación

Aunque el crecimiento de las exportaciones puede verse como una buena noticia para quienes participan en la comercialización, también plantea una exigencia de capacidad, porque aumentar cerca de 90 % el volumen frente a 2020/2021 significa manejar una operación considerablemente mayor que hace algunos años. En la práctica, cada incremento en toneladas supone más coordinación entre productores, centros de almacenamiento, operadores logísticos, puertos, importadores y distribuidores.

De hecho, Piotr Janota, presidente de la Asociación de Distribuidores Polacos de Frutas y Hortalizas «Unia Owocowa», pone el crecimiento en contexto cuando afirma: “Colombia es un mercado situado a miles de kilómetros de los huertos europeos y, aun así, el volumen de exportaciones de manzanas europeas está creciendo claramente”. La declaración resulta relevante porque conecta directamente la expansión comercial con la capacidad de superar una de las principales dificultades de cualquier alimento fresco: la distancia.

Cuando se observa que el volumen llegó a un récord de 26.375 toneladas hasta finales de mayo de 2025/2026, también cambia la dimensión de la conversación sobre el mercado colombiano, porque ya no se trata de un flujo ocasional sino de una corriente comercial con suficiente escala para requerir una cadena logística organizada. El dato del 18 % de crecimiento interanual refuerza esa tendencia y muestra que el comportamiento reciente continúa siendo positivo.

Mientras el segundo año de la campaña «Celebremos el día de la manzana! Descubre las manzanas de alta calidad de la UE» continúa en Colombia, el foco estará nuevamente en explicar el recorrido desde los huertos europeos hasta los consumidores, incluyendo las instalaciones de almacenamiento y la infraestructura logística. Esa mirada permite entender que la competencia de una fruta importada no termina en el precio de venta, porque también depende de cuánto cuesta y qué tan bien funciona toda la operación que la lleva hasta el mercado.

Por eso, detrás del aumento de 26.375 toneladas hay algo más que una cifra de comercio exterior, ya que el dato refleja una cadena que ha conseguido manejar mayores volúmenes sin perder de vista conservación, trazabilidad y calidad. Si la tendencia se mantiene, la discusión para productores, importadores y distribuidores estará cada vez más relacionada con capacidad logística, eficiencia operativa y comportamiento de la demanda colombiana.