Luego de 24 horas de intensas negociaciones, giros inesperados y tensiones directivas, la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) puso fin a la incertidumbre sobre la banqueta del combinado nacional. Este martes 28 de julio de 2026, el organismo rector del balompié transalpino anunció oficialmente el retorno de Roberto Mancini como seleccionador absoluto de Italia, así como la incorporación del experimentado Claudio Ranieri como nuevo director técnico general de la federación.

Con esta renovada dupla de estrategas, la FIGC busca trazar una hoja de ruta definitiva para superar la profunda crisis deportiva e institucional que atraviesa la Azzurra, una potencia histórica que arrastra la dolorosa marca de haber quedado fuera de las últimas tres ediciones de la Copa del Mundo de la FIFA.

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La fallida cumbre directiva y el fallido intento por Pep Guardiola

La designación de Mancini y Ranieri se produce tras un acelerado e infructuoso proceso de selección liderado por el exfutbolista Paolo Maldini —quien se desempeñó temporalmente como director técnico entre el 11 de julio y este martes— de la mano de su asistente, el exfutbolista brasileño Leonardo.

En un intento por dar un golpe de autoridad en el mercado internacional, la dupla directiva tanteó la viabilidad de contratar al estratega español Pep Guardiola, quien se encontraba libre de compromisos tras culminar su vínculo contractual con el Manchester City al cierre de la última temporada.

El propio presidente de la FIGC, Giovanni Malagò, ratificó la veracidad de los acercamientos de alto nivel y la disposición financiera de la federación para concretar la operación:

«Hoy tenemos un nuevo entrenador y un nuevo director técnico. Confiamos en poner punto y final a la enésima crisis de la selección de Italia», celebró Malagò al oficializar la nómina definitiva.

A pesar de que el dirigente dejó entrever que la federación estaba dispuesta a incrementar sustancialmente el presupuesto salarial para asegurar el fichaje de Guardiola, el técnico catalán declinó la propuesta para tomar las riendas del seleccionado tetracampeón del mundo.

El fallido ascenso de Pirlo y la controversia publicitaria

Tras la negativa de Guardiola, la dupla conformada por Maldini y Leonardo reorientó sus esfuerzos hacia un icono del fútbol local: la leyenda del AC Milan y la Juventus, Andrea Pirlo.

La llegada de Pirlo al banquillo de la selección mayor se daba por descontada a comienzos de semana. Sin embargo, su virtual nombramiento desencadenó una fuerte ola de cuestionamientos por parte de la prensa especializada y sectores de la afición. Los críticos señalaron su limitada experiencia como entrenador de primer nivel y, de forma prioritaria, un contrato de patrocinio vigente que el exfutbolista mantenía con una reconocida firma rusa de apuestas deportivas, hecho que generó objeciones éticas en el seno del deporte italiano.

Ante la escalada de la polémica mediática, el propio Pirlo dio un paso al costado el lunes, descartando formalmente su postulación al cargo a través de un comunicado:

«Ya no soy candidato al puesto de seleccionador. Lamento profundamente que una decisión fundamentada en criterios estrictamente deportivos rápidamente se haya convertido en una polémica pública desmedida», expresó el exmediocampista.

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La apuesta por la experiencia para la reconstrucción del fútbol italiano

Ante el colapso de las alternativas previas, la directiva de la FIGC apostó por la fórmula de la casa: la experiencia demostrada y el conocimiento previo del entorno.

Roberto Mancini, quien ya guio a la escuadra italiana a la conquista de la Eurocopa 2020, regresa a la dirección técnica con la misión urgente de reestructurar la nómina de jugadores y devolver la competitividad internacional al equipo nacional. Estará respaldado desde el área de gestión deportiva por Claudio Ranieri, figura respetada en el panorama internacional por su extensa trayectoria y por la hazaña de haber conquistado la Premier League con el Leicester City en 2016.

Con la oficialización del nuevo cuerpo técnico, la Selección Italiana se alista para iniciar una fase de reestructuración con miras a los próximos compromisos internacionales de la UEFA, con la obligación ineludible de devolver a la Azzurra al primer plano del fútbol mundial.