El hambre a nivel global registró un leve descenso durante el último año, pero continúa golpeando de manera devastadora a más de 645 millones de personas en todo el planeta. Así lo revela el informe anual El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo’ (SOFI 2026), presentado este martes 21 de julio de 2026 en Roma por un bloque de agencias especializadas de las Naciones Unidas.

El documento, elaborado conjuntamente por la FAO, el FIDA, el PMA, la OMS y UNICEF, destaca avances significativos en regiones como América Latina y el Caribe, así como en Asia. Sin embargo, enciende las alarmas por la persistente vulnerabilidad del continente africano y por el impacto destructivo de los conflictos armados globales y el cambio climático, factores que amenazan con descarrilar definitivamente los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) trazados para la década.

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El mapa del hambre: Contrastes entre Latinoamérica y la crisis africana

Las estimaciones del reporte SOFI 2026 indican que durante 2025 el 7,8 % de la población mundial sufrió de subalimentación crónica. No obstante, la distribución geográfica de esta crisis humanitaria muestra brechas abismales entre los continentes.

De los 645 millones de personas en situación de hambre:

  • África: Concentra casi la mitad de las víctimas globales con 309 millones de personas desnutridas.
  • Asia: Registra 292 millones de personas en esta condición.
  • América Latina y el Caribe: Contabiliza 32 millones de personas.

América Latina consolida su recuperación postpandemia

En el panorama regional, América Latina y el Caribe emerge como el escenario con los progresos más sólidos y sostenidos. El porcentaje de población que padece hambre en la región cayó al 4,8 %, consolidando un sendero de reducción constante tras los picos críticos registrados durante la emergencia sanitaria de 2020, cuando el indicador alcanzaba el 6,1 %.

Por el contrario, África refleja la cara más amarga del reporte. Aunque la proporción de habitantes hambrientos experimentó un marginal descenso del 20,3 % (2024) al 20,0 % (2025), este avance porcentual no logró traducirse en una reducción real del número de personas afectadas, debido al acelerado crecimiento demográfico de las naciones subsaharianas.

Inseguridad alimentaria y encarecimiento de la dieta saludable

Más allá de la desnutrición extrema, el informe de la ONU aborda el fenómeno de la inseguridad alimentaria —la incapacidad de acceder de manera constante a alimentos suficientes, seguros y nutritivos—. En 2025, el 25,8 % de la población mundial (2.100 millones de personas) padeció inseguridad alimentaria moderada o grave, afectando con mayor dureza a las comunidades rurales y a las mujeres.

El estudio también advierte sobre una alarmante paradoja nutricional: el incremento exponencial de la malnutrición por exceso. La tasa de obesidad en adultos pasó del 12,1 % en 2012 al 16,2 %, un fenómeno directamente vinculado al encarecimiento de la comida de calidad.

El costo de la buena nutrición: El precio medio global de una dieta saludable se disparó de $2,94 dólares en 2017 a $4,28 dólares en 2025. En América Latina, este problema es especialmente agudo, alcanzando un costo promedio de $4,91 dólares diarios por persona, lo que empuja a millones de familias hacia el consumo de alimentos ultraprocesados y de bajo valor nutricional.

Conflictos y crisis climática alejan la meta de ‘Hambre Cero’ para 2030

El informe enfatiza que los avances logrados siguen siendo sumamente frágiles frente a las perturbaciones geopolíticas contemporáneas. El impacto acumulado de la guerra en Ucrania, sumado a las recientes tensiones logísticas en el estrecho de Ormuz y a los eventos climáticos extremos, mantiene bajo alta presión las cadenas globales de suministro.

Juan Carlos Mendoza, director de Medio Ambiente, Clima, Género e Inclusión Social del FIDA, advirtió sobre la parálisis del progreso:

«Hay una pequeña mejoría pero estamos todavía estancados. Los números no han mejorado sustancialmente desde que se fijaron las metas del 2030. La consecución de los Objetivos del Milenio se ha visto obstaculizada por la crisis climática, los conflictos bélicos y la pandemia».

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En esa misma línea, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, subrayó la urgencia de acelerar la inversión en sistemas agroalimentarios resilientes:

«Las mejoras siguen siendo frágiles, desigualmente distribuidas e insuficientes para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030. Hay que acelerar los avances».

Las proyecciones del ecosistema de agencias de la ONU coinciden en una amarga advertencia: si no se profundizan las reformas estructurales de forma inmediata, más de 500 millones de personas seguirán padeciendo hambre en el año 2030, de las cuales el 56 % se concentrará en el continente africano, sepultando la promesa internacional de erradicar la inanición en el planeta.