La logística de transporte refrigerado está viviendo un punto de inflexión. Con un mercado que supera los 15,700 millones de dólares proyectados para 2025 y una tasa de crecimiento anual de 7.6%, la expansión no es marginal. Es estructural. La pregunta para operadores y líderes de cadena de suministro no es si crecerá, sino cómo capturar ese crecimiento sin perder eficiencia.
El problema es que el entorno es más exigente que nunca. Regulaciones sanitarias más estrictas, consumidores informados y compromisos ESG que ya impactan contratos y acceso a ciudades. Antes bastaba con cumplir; hoy hay que demostrar desempeño con datos verificables.
Para José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King, el cambio es mental antes que tecnológico. “Comprender hacia dónde se dirige la logística de transporte refrigerado es clave para los actores de la cadena de suministro, ya que les permite adelantarse a cambios regulatorios, tomar decisiones de inversión más informadas, fortalecer la confiabilidad operativa y proteger el valor de las mercancías que transportan”. La oportunidad, entonces, es anticiparse.
En 2026, la climatización inteligente será un diferenciador. Equipos conectados que envían alertas predictivas, que miden no solo temperatura sino consumo energético y desempeño en ruta. La decisión empresarial es clara: pasar de reaccionar a prevenir. El resultado: menos siniestros, menos reclamos y mayor vida útil de los activos.
La visibilidad en tiempo real refuerza esa lógica. Monitorear cada trayecto permite actuar antes de que una desviación térmica se convierta en pérdida. “Esta capacidad de supervisión permanente ayudará a anticipar desviaciones, reducir mermas y fortalecer la trazabilidad, elevando los estándares de eficiencia y confiabilidad en la cadena de frío para alimentos, fármacos y productos sensibles”, explica Gómez. Es eficiencia que se traduce en confianza comercial.
La electrificación representa otra decisión estratégica. Frente a zonas de bajas emisiones y metas de descarbonización, las flotas eléctricas dejan de ser piloto para convertirse en estándar en entornos urbanos. El análisis financiero cambia cuando se mide el costo total de operación y no solo la inversión inicial.
Las microzonas térmicas responden a una realidad práctica: maximizar cada viaje. Transportar distintos productos con requerimientos térmicos específicos en un mismo trayecto mejora la utilización de flota y reduce viajes vacíos. Más eficiencia logística se traduce en mejores márgenes.
El modelo Direct to Consumer añade presión operativa. “Esto obliga a repensar la climatización como una herramienta de precisión, capaz de adaptarse al ritmo del consumidor final, a ventanas de entrega cada vez más estrechas y a entornos urbanos con restricciones operativas crecientes”, señala el directivo. Aquí la decisión no es tecnológica, es estratégica: reorganizar rutas, tiempos y capacidades.
La sustentabilidad termina siendo un factor de supervivencia. “La sustentabilidad ya no es solo una cuestión reputacional. Está directamente ligada a la continuidad operativa en la cadena de suministro”, sostiene Gómez. Quien no evolucione enfrentará mayores costos y menos oportunidades de negocio.
Al final, cada cifra del mercado cuenta una historia de ambición convertida en acción. La oportunidad está en un sector en expansión; el obstáculo, en la complejidad regulatoria y operativa; la decisión, en invertir con criterio y visión; el resultado, en transformar la cadena de frío en una ventaja competitiva real y medible. En 2026, el frío no será un costo más: será estrategia pura.





