Educación, sostenibilidad y vino en la mesa

El sommelier dejó de ser solo el experto en vinos para convertirse en un verdadero embajador cultural dentro de la gastronomía. Su rol va más allá de recomendar etiquetas: educa al comensal, conecta con la historia detrás de cada copa y traduce un lenguaje que a veces parece exclusivo, en una experiencia cercana y accesible. Como dice el SEO, “el rol del sommelier es esencial en la educación gastronómica, la cultura y la sostenibilidad”, y cada vez más restaurantes lo entienden así.

Además, el sommelier aporta un valor diferencial a los negocios: enseña a los equipos de servicio, mejora la percepción del cliente y abre espacio para un consumo más consciente. Su guía impulsa elecciones responsables, tanto en maridajes como en la selección de productos locales y sostenibles. Así, el vino deja de ser un lujo aislado y se integra a un estilo de vida gastronómico con propósito.

El vino es considerado un arte que combina tradición, cultura y sensibilidad. En Colombia, aunque el consumo todavía es bajo frente a referentes como Argentina, Chile o Francia, su crecimiento en las últimas dos décadas ha sido exponencial: de 0,3 litros per cápita a 1,2 litros por persona al año, un aumento del 300 %, según datos del Instituto de Comercio Exterior de España (ICEX).

Así en el mercado colombiano del vino se vendieron en 2024 más de USD 350 millones, con cerca de 43 a 73 millones de botellas. El vino tinto lidera el mercado con el 62 % de participación, seguido por blancos (18 %), espumosos (11 %) y rosados (7 %). Bogotá concentra entre el 37 % y el 48 % del consumo nacional, seguida por Medellín, la Costa Caribe y Cali como lo indican las cifras de Market Report.

En este escenario, el sommelier se convierte en una figura estratégica, siendo un profesional que no solo domina el conocimiento técnico de regiones vitivinícolas, procesos de vinificación y maridaje, sino que también actúa como educador, siendo capaz de acercar el vino a diferentes públicos, para formar consumidores educados.

“Colombia vive un momento decisivo en la construcción de su cultura del vino. El reto no es solo incrementar el consumo, sino formar profesionales que guíen a los consumidores en la apreciación del vino como arte, patrimonio cultural y experiencia sensorial, allí, el rol del sommelier es esencial”, indica Angélica Martínez docente de hotelería, turismo y gastronomía de LCI Bogotá

Su profesionalización en Colombia está enfocada en instituciones que lideran a través de programas especializados en gastronomía y turismo que incorporan la enología y este arte.  En LCI, la formación de sommeliers combina teoría y práctica: desde el estudio de regiones vinícolas globales y técnicas de degustación, hasta el desarrollo de habilidades pedagógicas y comunicación, esenciales para educar a un público cada vez más curioso.

El auge del enoturismo urbano en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, que congrega a más de 20.000 asistentes anuales en ferias y catas, confirma que el consumidor colombiano busca experiencias más profundas que trascienden la simple degustación. La tendencia hacia vinos orgánicos y sostenibles, que ya representan un 4 % del mercado global y proyectan superar los USD 16.000 millones en 2030, también está impactando las preferencias locales.

“El sommelier de hoy es un traductor cultural y un embajador de sostenibilidad, y la educación académica es la clave para consolidar una verdadera cultura del vino en Colombia. Al integrarse esta especialización no solo se fortalece la industria gastronómica nacional, sino que se está contribuyendo a posicionar a Colombia como un referente emergente en la cultura del vino en América Latina”, afirma Angélica Martínez, docente de hotelería, turismo y gastronomía de LCI Bogotá.

La formación de sommeliers se convierte en un factor estratégico para que Colombia no solo aumente su consumo de vino, sino que lo haga con conocimiento, sensibilidad y responsabilidad.  De esta manera el futuro del vino en Colombia no se medirá únicamente en litros consumidos, sino en su profesionalización convirtiéndolo en figura clave en la educación gastronómica, la cultura y la sostenibilidad.

Así el arte del vino seguirá expandiéndose en Colombia, y el sommelier formado bajo estándares internacionales será el pilar que conecte a los consumidores con la historia que encierra cada copa.

Scroll al inicio