La digitalización de la cadena de suministro se ha posicionado como uno de los pilares estratégicos para las empresas en México. No obstante, más allá de mejorar la eficiencia, está cumpliendo un papel inesperado: mostrar problemas ocultos en la operación que antes pasaban inadvertidos.
De acuerdo con Gartner, para 2026 más del 75% de las cadenas de suministro en el mundo habrán adoptado plataformas digitales integradas. En México, el fenómeno es aún más urgente: un estudio de Deloitte señala que 6 de cada 10 compañías identifican la falta de visibilidad operativa como el mayor riesgo para cumplir con sus compromisos de entrega.
Un ejemplo reciente en el sector manufacturero evidencia esta tendencia. La compañía inició un proyecto enfocado únicamente en mejorar el control de inventarios. Sin embargo, tras implementar un sistema digital de gestión, los datos revelaron que el verdadero problema no estaba en el inventario en sí, sino en la ausencia de integración entre áreas críticas de la operación: logística interna, almacenes y producción.
Los hallazgos fueron claros:
- 15% de discrepancia entre inventario físico y digital.
- Procesos duplicados en tres áreas clave.
- Baja trazabilidad en materiales estratégicos, que derivaba en retrasos productivos.
- 20% de ineficiencia en tiempos de traslado interno por falta de visibilidad.
Lo que comenzó como un proyecto aislado terminó en una reingeniería integral de procesos. La digitalización no solo permitió identificar cuellos de botella invisibles, sino que abrió la puerta a un modelo de planeación más robusto, sustentado en datos reales y no en percepciones.
Este fenómeno no es aislado. Según PwC, solo el 27% de las organizaciones en América Latina cuentan con visibilidad de punta a punta en su cadena de suministro, lo que significa que la mayoría aún opera con “zonas ciegas” que impactan en costos, tiempos y servicio al cliente.
Expertos del sector señalan que la digitalización está cambiando la lógica de la operación. Antes, la prioridad estaba en resolver un área puntual (como inventarios, transporte o almacén), mientras que hoy la verdadera ventaja competitiva está en la integración. “El valor de la digitalización no está solo en acelerar procesos, sino en evidenciar lo que antes no se veía. Esa información obliga a replantear la estrategia y a anticipar riesgos”, apunta David Lati, CRO de Logística de México.
En un contexto en el que la presión por costos, cumplimiento normativo y expectativas de clientes crece, la digitalización se perfila como un doble reto: por un lado, optimiza; por el otro, obliga a las empresas a enfrentarse a sus propias ineficiencias. Y quienes logren capitalizar esos hallazgos estarán en una posición más sólida para competir en los próximos años.